Analizando la realidad mundial y la espiritualidad en general.

Foro de reflexión, analisis y criticas
 
ÍndiceÍndice  BuscarBuscar  RegistrarseRegistrarse  Publicaciones de la Wacthtower y libros en generalPublicaciones de la Wacthtower y libros en general  Links  ConectarseConectarse  

Comparte | 
 

 El dogma de Cristo, Libro de Erich Fromm II

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
AutorMensaje
Myker
Cuerpo Gobernante
Cuerpo Gobernante
avatar

Cantidad de envíos : 25
Fecha de inscripción : 30/11/2007

MensajeTema: El dogma de Cristo, Libro de Erich Fromm II   Miér Mar 26, 2008 11:54 pm

El método para aplicar el psicoanálisis a grupos no puede ser diferente.
Las actitudes psíquicas comunes de los miembros del grupo deben ser
comprendidas sólo sobre la base de sus pautas comunes, Así como la
psicología psicoanalítica individual procura comprender la constelación
emocional del individuo, del mismo modo la psicología social podrá obtener
una visión de la estructura emocional del grupo únicamente por medio de un
conocimiento exacto de sus pautas de vida. La psicología social sólo puede
hacer aseveraciones tocantes a lasa actitudes psíquicas comunes a todos;
requiere en consecuencia el conocimiento de las situaciones de vida comunes
a todos y características de todos.

Si bien el método de la psicología social no es básicamente diferente de
aquel de la psicología individual, hay empero una diferencia que es menester
señalar.

En tanto que la investigación psicoanalítica se interesa principalmente en
individuos neuróticos, la investigación sociopsicológica trabaja con grupos de
gente normal.

La persona neurótica se caracteriza por el hecho de que no ha logrado
adaptarse a su ambiente real. La fijación en ciertos impulsos emocionales, en
ciertos mecanismos psíquicos que alguna vez fueron oportunos y adecuados,
la pone en conflicto con la realidad. La estructura psíquica del neurótico es
por lo tanto casi del todo ininteligible si se desconocen las experiencias de su
primera infancia, pues, debido a su neurosis –expresión de la falta de
adaptación o del orden particular de fijaciones infantiles–, hasta su misma
posición como adulto está determinada esencialmente por aquella situación
de la niñez. Inclusive en el caso de la persona normal tienen una significación
decisiva las experiencias de la primera infancia. El carácter, en el sentido más
amplio, está determinado por ellas y resulta del todo ininteligible si no se las
conoce. Pero por haberse adaptado psíquicamente a la realidad en un mayor
grado que el neurótico, se puede comprender una parte de su estructura
psíquica mucho mayor que cuando se trata de un neurótico. La psicología
social se ocupa de la gente normal, sobre suya situación psíquica la realidad
influye en un grado incomparablemente mayor que en el caso del neurótico.
De allí que esta psicología pueda pasar por alto hasta el conocimiento de las
experiencias infantiles de los diversos miembros del grupo sometido a la
investigación; a partir del conocimiento de las pautas de la vida socialmente
condicionadas en que estas personas estuvieron situadas luego de los
primeros años infantiles, puede arribar a una comprensión de las actitudes
psíquicas comunes a ellas.

La psicología social se propone se propone investigar la forma en que
ciertas actitudes psíquicas comunes a los miembros de un grupo se hallan
relacionadas con sus experiencias vitales comunes. El hecho, en el caso de un
individuo, de que predomine esta o aquella dirección de la libido, que el
complejo de Edipo encuentre tal o cual vía de salida, es tan poco accidental
como lo son los cambios en las características psíquicas de la situación
psíquica de un grupo, ya sea en la misma clase de gente a través de un
período de tiempo o simultáneamente entre diferentes clases. Es labor de la
psicología social indicar por qué se producen tales cambios y cómo deben ser
comprendidos sobre la base de la experiencia común a los miembros del
grupo.

La presente investigación se refiere a un problema de psicología social
estrechamente limitado, a saber, la cuestión concerniente a los motivos que
condicionan la evolución de los conceptos acerca de la relación entre Dios
padre y Jesús desde los comienzos de la cristiandad hasta la formulación del
credo de Nicea en el siglo IV. De acuerdo con los principios teóricos recién
formulados, esta investigación tiene por finalidad determinar el punto hasta
el cual el cambio ocurrido en ciertas ideas religiosas es una expresión del
cambio psíquico experimentado por la gente en cuestión, y el punto hasta el
cual esos cambios son dictados por sus condiciones de vida. Se intentará
comprender las ideas en términos de hombres y de sus pautas de vida, y
demostrar que la evolución del dogma sólo se puede comprender mediante el
conocimiento del inconsciente, sobre el cual ejerce su efecto la realidad
externa y que es el que determina el contenido de la conciencia.

El método de este trabajo demanda que se consagre un espacio
relativamente extenso a la presentación de la situación de vida de la gente
sometida a la investigación, a su situación espiritual, económica, social y
política, o sea a lo que en resumen podrá llamarse sus superficies psíquicas.
Si tal introducción parece contener un énfasis desproporcionado, el lector
deberá tener en cuenta que aun en el estudio psicoanalítico del caso de una
persona enferma, mucho es el espacio asignado a la presentación de las
circunstancias externas que rodean al paciente. En el presente trabajo, la
descripción de la situación cultural total de las masas que han sido sometidas
a la investigación y la presentación de su ambiente externo, son más decisivas
que la descripción de la situación real en el estudio de un caso individual.
Ello se debe a que cuando se trabaja con cosas, la reconstrucción histórica, no
obstante suponerse que sólo hasta cierto punto se la ofrece de manera
detallada, es incomparablemente más complicada y más extensa que la
relación de hechos sencillos tal como ocurren en la vida de un individuo.
Creemos, empero, que esta desventaja debe ser tolerada, pues es el único
camino capaz de llevarnos a una comprensión analítica de los fenómenos
históricos.

El presente estudio se refiere a un tema que ha sido tratado por uno de los
representantes más eminentes del estudio analítico de la religión, Theodor
Reik4. La diferencia en contenido, que resulta obligadamente de la
metodología diferente, será, al igual que las diferencias metodológicas en sí,
considerada brevemente al final de este ensayo.

El propósito que nos anima en este trabajo es el de comprender el cambio
de ciertos contenidos de la conciencia según se expresa en las ideas
teológicas, como resultado de un cambio ocurrido en los procesos
inconscientes. En consecuencia, tal como hicimos con el problema
metodológico, nos proponemos referirnos brevemente a los más importantes
hallazgos del psicoanálisis en cuanto que tocan nuestro tema.




FUNCIÓN SOCIOPSICOLÓGICA DE LA RELIGIÓN


El psicoanálisis es una psicología de los impulsos o instintos. Ve la
conducta humana como condicionada y definida por impulsos emocionales,
que interpreta como la afluencia de ciertos instintos de raíz fisiológica y que
en sí mismos escapan a la observación inmediata. De acuerdo con las
clasificaciones populares de instintos de hambre e instintos de amor, a partir
de un comienzo Freud estableció una distinción entre los instintos del yo o de
la conservación de sí mismo, y los instintos sexuales. En virtud del carácter
libidinal de los instintos de autopreservación del yo, y debido al significado
especial de las tendencias destructivas presentes en el aparato psíquico del
hombre, Freud propuso un agrupamiento diferente, tomando en cuenta el
contraste que existe entre los instintos para mantener la vida y los instintos
destructivos. Para los fines del presente trabajo, basta con lo dicho acerca de
esta clasificación. Lo importante es reconocer que en el instinto sexual hay
ciertas cualidades que lo distinguen de los instintos del yo. Los instintos
sexuales no son imperativos, o sea que sus demandas se pueden dejar
insatisfechas sin que ello signifique una amenaza a la vida misma, no
ocurriendo otro tanto si no se satisfacen el hambre, la sed y la necesidad de
dormir. Por otra parte, y hasta un cierto punto, de ningún modo
insignificante, los instintos sexuales permiten una gratificación en la fantasía
y con el propio cuerpo. Su dependencia de la realidad externa es por lo tanto
mucho menor que en el caso de los instintos del yo. Íntimamente ligado a
esto están la fácil transferencia y la capacidad de intercambio entre los
instintos componentes de la sexualidad. La frustración de un impulso
libidinal puede ser neutralizada de manera relativamente fácil substituyendo
tal impulso por otro que puede ser gratificado. Esta flexibilidad y
adaptabilidad que hay dentro de los impulsos sexuales son la base para la
extraordinaria variabilidad de la estructura psíquica y en ellas reside también
la base para la posibilidad de que las experiencias individuales influyan de
manera tan definida y señalada sobre la estructura de la libido.
Freud ve el principio del placer modificado por el principio de realidad
como regulador del aparato psíquico.

Dice Freud:

Pasaremos por lo tanto al asunto menos ambicioso de aquello que los hombres, con
su misma conducta, muestran como la finalidad e intención de su vida. ¿Qué piden
de la vida y qué desean lograr en ella? La respuesta no deja mayor lugar para la duda.
Se esfuerzan en pos de la felicidad; desean llegar a ser felices y seguir siéndolo. Este
empeño tiene dos lados: una meta positiva y otra negativa. Por una parte tiende a que
no haya dolor ni displacer, y por otra desea experimentar intensos sentimientos de
placer. En su sentido más estricto, la palabra “felicidad” se refiere sólo a este último
deseo. De conformidad con esta dicotomía de sus metas, la actividad del hombre se
desarrolla en dos direcciones según se empeñe por alcanzar –en términos generales o
hasta de modo exclusivo– una u otra de tales metas.5


El individuo se empeña por experimentar –dentro de circunstancias
dadas– un máximo de gratificación libidinal y un mínimo de dolor; el deseo
de evitar el dolor hace aceptar cambios o hasta frustraciones de los diferentes
impulsos sexuales componentes. Un correspondiente renunciamiento a los
impulsos del yo es sin embargo imposible.

La peculiaridad de la estructura psíquica de un individuo depende de su
constitución psíquica y principalmente de sus experiencias de infancia. La
realidad externa, que le garantiza la satisfacción de ciertos impulsos, pero que
le obliga a renunciar a ciertos otros, es definida por la situación social
existente en la que vive. Esta realidad social incluye la realidad más amplia
que abarca a todos los miembros de la sociedad y la realidad más estrecha de
las distintas clases sociales.

La sociedad desempeña una doble función en la situación psíquica del
individuo, tanto frustrante como gratificante. Es raro que una persona
renuncie a impulsos por advertir los peligros que pueden resultar de su
satisfacción. En general es la sociedad la que dicta tales renunciamientos:
primero, aquellas prohibiciones establecidas sobre la base del reconocimiento
social de un peligro verdadero para el individuo mismo, un peligro no
sentido fácilmente por él y vinculado con la gratificación del impulso cuya
satisfacción podría significar un daño no para el individuo sino para el grupo;
y, finalmente, los renunciamientos hechos no en el interés del grupo sino sólo
en el interés de una clase dominante.

La función “gratificadora” de la sociedad no es menos clara que su papel
frustrador. El individuo la acepta sólo porque gracias a su ayuda puede hasta
cierto punto confiar en obtener placer y evitar dolor, primariamente en lo
tocante a la satisfacción de necesidades libidinales.

Lo dicho más arriba ha hecho caso omiso de una característica específica
de todas las sociedades conocidas históricamente. Por cierto que los
miembros de una sociedad no se consultan entre ellos para determinar lo que
la sociedad puede permitir y lo que debe prohibir. La situación es más bien
que, mientras que las fuerzas productivas de la economía no basten para
proveer a todos una satisfacción adecuada de sus necesidades materiales y
culturales (es decir, algo más que la protección contra peligros externos y la
satisfacción de necesidades elementales del yo), la clase social más poderosa
aspirará primero a la satisfacción máxima de sus propias necesidades. El
grado de satisfacción que ofrece a aquellos a quienes domina depende del
nivel de las posibilidades económicas disponibles, y también del hecho de
que es menester conceder un mínimo de satisfacción a quienes son
dominados, a fin de que puedan continuar funcionando como miembros
cooperantes de la sociedad. La estabilidad social depende en grado
relativamente escaso del uso de la fuerza externa. En su mayor parte depende
del hecho de que los hombres se hallan en una situación psíquica que los
arraiga interiormente en una situación social existente. Para esa finalidad, tal
como hemos anotado, es necesario un mínimo de satisfacción de las
necesidades instintivas naturales y culturales. Pero debemos observar en este
punto que para lograr el sometimiento psíquico de las masas hay algo más
que es importante, algo ligado a la peculiar estratificación estructural de la
sociedad en clases.




Citación :
Parte I y II, referencias.

1 Sigmund Freud, Group Psychology and the Analysis of the Ego, Londres: Hogarth Press, Standard Edition, XVIII, 68.

2 Georg Simmel ha indicado de modo notable la falacia de aceptar el grupo como un "sujeto", como un fenómeno
psicológico. Este sociólogo escribió: "El resultado externo unificado de muchos procesos psicológicos subjetivos se
interpreta como resultado de un proceso psicológico unificado, es decir, de un proceso ocurrido en el alma colectiva.¡La unidad del fenómeno resultante se refleja en la presupuesta unidad de su causa psicológica! La falacia de esta conclusión, de la cual depende toda la psicología colectiva en su distinción general de la psicología individual, es sin embargo obvia: la unidad de las acciones colectivas, que aparece sólo en el lado de los resultados visibles, se transfiere subrepticiamente hacia el lado de la causa interna, la portadora subjetiva". "Über der Soziaalpsychologie", Archiv für Sozilawissenshaft und Sozialpolitik, XXVI, 1908

3 Sigmund Freud. A General Introduction to Psychoanalysis. Nueva York, Liveright Publishing Corp., 1943, pág. 304.
Freud dice que “los dos factores” son “la constitución sexual y los hechos vividos, o con otras palabras, la fijación de la ibido y la frustración”: están “representados de una manera tal que cuando uno de ellos predomina, el otro es
proporcionalmente menos pronunciado”.

4 “Dogma und Zwangsidee”, Imago. XII, Cf. Dogma and Compulsion. Nueva York, International Universities Press
Inc., 1951, y otras obras de Reik sobre la psicología de la religión; E. Jones, Zur Psychoanalyse der christlichen
Religion; y A. J. Storfer, Marias jungfraüliche Muttershaft.

5 Sigmund Freud, Civilization and Firsts Discontents, Standard Edition, XXI, 76.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://testigosdejehova.homediscussion.net
 
El dogma de Cristo, Libro de Erich Fromm II
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 1 de 1.
 Temas similares
-
» Libros para recomendar
» LA CONSPIRACIÓN DE CRISTO - LA MAYOR OBRA DE FICCIÓN DE LA HISTORIA .
» ¿ES NIETZSCHE MALINTERPRETADO?
» Libro: LOCOS POR JESÚS - Dc Talk & La Voz de los Mártires
» La iglesia como institucion y dogma se cae?

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
Analizando la realidad mundial y la espiritualidad en general. :: Discusiones y debates :: Debates y argumentación-
Cambiar a: